Estás dentro de mí, tus ojos ven lo que yo veo, el dolor, la felicidad, el esfuerzo que hago al caminar, mis distracciones... las sientes, ojalá pudiera ser cierto. Siempre se habla de ponernos en los zapatos de los demás, pero es imposible hacerlo si nuestra mirada sólo ve espejos, nos ponemos en la situación del otro desde nuestra perspectiva, sólo vemos nuestro reflejo: si fuera él... yo podría, si fuera él... yo haría y realmente si fuera él, quien sabe que pasaría.
Si yo veo a alguien tirando basura al suelo, pensaré que es sucio, un total puerco, si escucho gritos de mi vecino creo que es un amargado, si alguien te saluda con la mano pienso ¡que anticuado! o ¿le daré asco?. Tenemos que aceptarlo, le vemos el lado feo a las cosas, a las personas, porque nos cuesta creer que tan sólo fue una distracción, que tan sólo tuvo un mal día y así es literal, nada es literal.
Una persona no es por lo que pasó un día, en unos cuantos segundos, pero si dice mucho de ti. No hay que dejar pasar cualquier cosa, pero tampoco hay que tomarlo literal y eso es lo más difícil porque a nadie le gusta ser engañado, usado, ni ser visto como un tonto o un dejado.
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